lunes, 4 de junio de 2012

Sociedad de masas y revolución cultural en la 2ª mitad del s. XX


Se ha denominado como edad de oro al gran periodo de expansión económica mundial que se produjo a lo largo de los decenios de los años cincuenta y sesenta del pasado s. XX. La experiencia de la II Guerra Mundial permitió la adopción, fundamentalmente en los países capitalistas dependientes del bloque norteamericano durante la Guerra Fría, de las políticas económicas de corte keynesiano. Con el objetivo básico de garantizar un crecimiento económico sostenido y el buen funcionamiento de la economía capitalista, los estados del mundo occidental desplegaron aquel modelo político que conocemos con el nombre de “estado del bienestar”. El estado del bienestar, una experiencia propia de los estados con regímenes democráticos de corte pluralista y economías de mercado, se caracteriza por un crecimiento de la intervención pública con el objetivo de garantizar la igualdad de oportunidades y una cierta redistribución de la riqueza. El amplio consenso social en torno a este modelo hasta los años 70, que parecía garantizar también la paz social, permitió una consolidación de la sociedad de consumo en los países desarrollados. Este hecho, unido a una elevación generalizada del nivel de vida de la población, provocó un abanico de importantes cambios que transformaron rápidamente la sociedad y la cultura del mundo occidental.

 De entre los diferentes cambios sociales producidos durante la segunda mitad del s. XX, aquel más drástico y de mayor amplitud mundial fue la práctica total desaparición del campesinado y su modo de vida. Este declive, que salvo en determinadas zonas del África subsahariana, el sudeste asiático y China afectó no sólo a Occidente, sino también al resto de territorios donde aún no se apreciaba un significativo desarrollo industrial, puede explicarse por varios motivos, como el espectacular progreso tecnológico que redujo considerablemente la necesidad de mano de obra humana. A mediados de la década de los años ochenta, el 42% de la población mundial ya vivía en entornos urbanos. La desaparición del modo de vida campesino permite comenzar a comprender algunas transformaciones interrelacionadas. En primer lugar, la cultura del comercio y el consumo de masas no puede desarrollarse si no es en un entorno urbano. La migración masiva hacia las ciudades, la misma existencia en un entorno urbano masificado, debilitó los estrechos vínculos familiares y las convenciones sociales tradicionales que garantizaban la supervivencia en el entorno rural. A su vez, este tipo de relaciones, establecidas a partir de modelos cognitivos, simbólicos y morales compartidos que determinaban el papel de cada individuo dentro del colectivo, también comenzaron a desaparecer, afectando a aquellas instituciones que, como la iglesia, ayudaban a perpetuarlos.

Las antiguas estructuras familiares, cuyas características principales eran compartidas por multitud de culturas en todo el planeta*, sufrieron una profunda crisis. La misma lógica del crecimiento económico, que ahora permitía un nivel de vida muy superior al de épocas precedentes a la mayor parte de la población, eliminó el antiguo sentido colectivo de pertenencia de clase, proletaria o campesina, sustituyéndolo por una progresiva tendencia hacia la individualización. Como consecuencia, se produjo un “abismo generacional” entre la juventud del momento y los miembros de las anteriores generaciones. La expansión económica también permitió el ingreso a la formación superior universitaria a los hijos de familias anteriormente humildes, puesto que la economía moderna demandaba una creciente especialización y la formación superior resultó la mejor forma de acceder a los niveles sociales superiores. En este contexto universitario, una auténtica red mundial de producción y compartición de nuevas ideas entre la juventud, comenzaron a desarrollarse dos fenómenos fundamentales: la aparición de la “cultura juvenil” y un nuevo resurgimiento del feminismo y de movimientos en torno a la idea de la liberación de la mujer.

Continuará...

* El patriarcalismo o superioridad estratégica del hombre sobre la mujer y de los progenitores sobre sus hijos, el respeto por los ancianos, etc.

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