domingo, 29 de abril de 2012

Conócete a ti mismo. Crea tu propio dios interior. II Parte



La misma ciencia, como les comentaba en el puntual ejemplo sobre neurobiología, está propiciando la caída de toda una visión colectiva que viene desarrollándose desde hace unos tres siglos. De repente, cuando miramos atrás, recordamos antiguas enseñanzas abandonadas. En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros

Aunque tienen un origen social, parece que algunos sentimientos son de carácter universal; tal vez sean arquetipos, como diría Platón, o tal vez simplemente parte de la herencia genética, de la programación del ADN humano. Lo cierto es que todas las culturas han tratado de expresarlos de una u otra forma. En la forma de expresarlos es donde radica la diferencia y nuestro oculto poder. El océano no existía antes de los humanos…

Esta críptica afirmación se refiere a esa facultad humana subjetiva, creadora, que se expresa como lenguaje-poema y se caracteriza por desvelar la verdadera esencia de las cosas. Antes de la presencia de los hombres y las mujeres sobre la Tierra, existían vastas extensiones de agua que cubrían el planeta. Pero fuimos nosotros quienes, en un momento dado, nombramos, creamos  el ente que conocemos como “océano”. Está claro que el océano ya existía antes de nuestra llegada, pero no existía como concepto abstracto, no existía en la combinación de mundo mental y emocional que conocemos como sentimiento, no tenía ser, no tenía nombre. En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios.

Es a través del lenguaje que el hombre hace presente las cosas, desvelándolas, aunque una gran parte del ente creado continúa encubierta, porque el conocimiento del ente, de todo el océano, escapa al hombre, que aún no sabe qué criaturas pueden existir en sus profundas fosas abisales. Es por ello que no podemos definir exactamente sentimientos como la felicidad o el amor.

Tal vez la felicidad sea algo de origen colectivo, tal vez esté en nuestra programación genética, pero se convirtió en real desde el mismo instante que la nombramos, que la creamos en el principio de los tiempos. Somos dioses, sólo que lo hemos olvidado. Somos pequeñas neuronas que forman parte de una red de interconexiones enlazadas al cerebro de la Tierra. De nosotros depende cómo nos interconectemos.

Pero para cambiar las cosas tenemos que empezar a recrearnos individualmente. Debemos superar la programación social desde el interior. El mundo actual, con su doble tendencia a la individualización y la globalización, ofrece una oportunidad única en este sentido. 

Tú que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera…

Buscad en Spotify o Grooveshark una música que os haga “sentir bien”. Apagad la luz. Cerrad los ojos. Liberad vuestra mente de estrés mientras realizáis unas pocas respiraciones profundas. Sonreíd. Visualizad un espejo con vuestro reflejo. Preguntadle a él, a vuestro yo interior, qué es lo que anheláis. Él no os responderá con palabras, lo hará a partir de un sentimiento concreto. Atravesad el espejo, porque allí se encuentra aquello que habéis estado buscando, allí se encuentra el Grial. Aún es una luz informe. Dadle un nombre pronunciado en voz alta. Percibid cómo poco a poco obtiene forma, sentid cómo un ser es creado y adquiere poder, el poder de haceros felices. Todo lo que necesitas en tu vida ya está dentro de ti…

Tal vez no lo logres en la primera ocasión. Debes repetir el proceso, aunque sólo sean cinco minutos diarios. Las personas aprendemos por repetición desde la infancia. Si te sirvió de algo, debes compartirlo. Sin forzar a nadie, no eres mejor porque hayas descubierto algo que la mayoría no conoce. Esa codicia y vanidad proceden de la programación elitista con la que te han educado. Simplemente compártelo, en tus relaciones personales, tu blog o tu facebook y que sea recibido por quien desee recogerlo. Esto puede ser un principio, si tú quieres. Podemos forjar una red desde el conocimiento de nosotros mismos, una red de seres felices. Podemos ser libres…

Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los dioses

lunes, 2 de abril de 2012

Conócete a ti mismo. Crea tu propio dios interior



 “Te advierto, quien quiera que fueses, Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la Naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes hallar otras excelencias? En ti se halla oculto el tesoro de los tesoros. Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los dioses”

Esta frase, que según la tradición fue inscrita por los siete sabios de Grecia en el frontispicio del santuario de Apolo en Delfos, contiene una enseñanza de carácter universal, tan válida entonces como ahora, o incluso más ahora…

La meta de toda persona es la búsqueda de la felicidad. Para ello elegimos diversos caminos. Para algunos la felicidad está relacionada con la autosuperación, la consecución de los propios objetivos o la posesión de riqueza. Otros la asocian al colectivo, expresándolo a través del sentimiento comunitario, solidario, o tal vez religioso. Si nos preguntan qué es la felicidad, probablemente no seremos capaces de asociarla a un concepto, a un pensamiento porque, precisamente, la felicidad tiene que ver con un sentimiento, un impreciso estado de ánimo que tratamos de perpetuar en el tiempo…

Con el advenimiento del mundo moderno toda verdad fue asociada con la racionalidad, con la mente. Sólo eran válidas aquellas cosas que identificamos a partir de la percepción sensorial del mundo que se nos presenta ante nuestra visión y conceptualizamos mediante el pensamiento. Emoción y sentimiento fueron apartados y considerados signos de debilidad, identificados a un quimérico mundo imaginario, obsoleto e irreal. Pero un anhelo perduró…

Con el desarrollo del capitalismo y la sociedad de masas avanzamos un paso más allá. Toda felicidad se relaciona con la posesión de unos bienes materiales y de consumo, además de con alcanzar un estatus que suele venir definido por una serie de estereotipos sociales interiorizados desde la televisión y otros medios de comunicación de masas. Buscamos sentido fuera de nosotros y la acumulación de bienes no hace sino provocarnos más insatisfacción…


Hoy en día avanzados estudios en neurociencia han descubierto que las zonas del cerebro relacionadas con las emociones se hallan interconectadas, mediante el sistema neuronal, con aquellas otras de las que depende nuestro pensamiento racional. Es decir, que pensamiento y emoción se hallan totalmente interrelacionados, que conocemos el mundo a través de la combinación de ambas facultades, que todo pensamiento tiene asociada alguna emoción o sentimiento. Las emociones son algo primario, se originan y regulan en nuestro sistema límbico y surgen a una velocidad mucho mayor que cualquier pensamiento. La ira, por ejemplo, que suele manifestarse como una incontrolable explosión. No son exclusivas del ser humano, puesto que los animales también manifiestan emociones. Los sentimientos, en cambio, se aprenden en sociedad. No existen sentimientos sin el colectivo y es necesaria la combinación de emoción y pensamiento para forjarlos.

Los sentimientos configuran nuestra realidad. Aportan sentido al universo particular de cada persona. En occidente solemos preguntarnos, por ejemplo, cómo es posible que tantas personas en el mundo musulmán manifiesten una fe tan grande hacia los principios de su religión. Es un sentimiento de pertenencia a una comunidad, religiosa en este caso. Aporta sentido a la vida, sin duda aporta una parte de esa anhelada felicidad. Seguramente ellos, por el contrario, se cuestionarán nuestro insensato culto al bienestar material, al dinero. Idealmente ambas culturas buscamos lo mismo, la felicidad colectiva, pero mientras que unos establecen esa felicidad en un sentimiento de pertenencia a una unidad, nosotros, desde nuestro pragmatismo, nos hemos quedado cojos, ya que tan sólo observamos una parte de la realidad, aquella que podemos oler, ver, tocar y… comprar. Hay tantas personas que se sienten vacías…

Continuará...