lunes, 3 de octubre de 2011

Los misterios de la Isla de Pascua. Segunda parte - Los moai


Si por algo es conocida la Isla de Pascua es por las monumentales y enigmáticas estatuas que se erigen a lo largo de toda la costa, los famosos moai. Talladas en toba volcánica, todas ellas diferentes y cuyos ojos parecen observarnos indiferentes al paso de los siglos, cualquier persona sensible no puede sino sobrecogerse ante ellas.

Antes de hablar sobre ellos, es preciso comprender primero dos conceptos o principios sobrenaturales complementarios que organizaban gran parte del orden social de la cultura rapanui, y que también se hallan presentes en el resto de culturas polinesias: Mana y Tapu.

Mana, literalmente “fuerza” o “poder”, es la energía o poder espiritual que animaba gran parte de las actividades de la vida cotidiana. El mana es, en principio, un atributo del ariki, es el poder espiritual de la tribu concentrado en la persona de su rey, que le inviste de la potestad necesaria para gobernar y dirigir el clan (por ejemplo, sería el poder que permite al rey ordenar la muerte de un individuo de su tribu). En un segundo sentido, mana se refiere también al poder personal o la fuerza interior de un individuo. Un pescador, por ejemplo, si es bueno en su trabajo y pesca muchos peces, lo es en virtud de su mana.

Tapu, término del que deriva nuestro concepto de tabú, es una “prohibición sagrada” que se mantiene gracias al mana investido del rey, y su violación conllevaba duras penas que podían incluir la muerte. Algunos tapu podían referirse a lugares, como la prohibición de pisar los centros ceremoniales (ahu) donde se erigían los moai (curiosamente, hoy en día este tabú en particular se mantiene, aunque por motivos de conservación del patrimonio cultural…). Otros se referían a personas, como el simple hecho de tocar al rey sagrado, investido de mana.

Los moai, el logro arquitectónico más importante de la isla, representaban a los antepasados o ancestros de los ariki o jefes tribales. En el momento que eran erigidos sobre los ahu o plataformas ceremoniales y se les incorporaban los ojos, los isleños consideraban que cobraban vida, comenzaban a emitir mana, expresado a través del ariki en el plano terrenal; en otras palabras, los moai eran la fuente del poder espiritual que organizaba y protegía al clan, y es por ello que siempre se erigían mirando en dirección hacia el poblado, nunca en dirección al mar. En el momento de mayor esplendor cultural, entre los s. XII y XVII, algunos de estos centros ceremoniales adquirieron gran complejidad y tamaño. Esto se debe a que el prestigio y poder de cada linaje quedaba reflejado en la maestría del tallado y el tamaño que podían alcanzar las estatuas (la más grande de ellas, aunque jamás llegó a erigirse sobre un ahu, se encuentra a medio tallar en la cantera de Rano Raraku y mide 21 metros, llegando a pesar más de 70 toneladas).

Uno de los mayores misterios en torno a los moai se refiere a su tallado y método de transporte a lo largo de la isla. Si bien la arqueología ha llegado a un consenso respecto al primer punto, puesto que hoy sabemos que las estatuas se tallaban directamente en la roca volcánica de la ladera del volcán Rano Raraku, a mano y utilizando unas azuelas de basalto denominadas toki, no ocurre así con los métodos para su transporte y erección. La teoría comúnmente aceptada indica que eran transportados tumbados sobre un lecho de troncos que facilitaban su arrastre, constituyendo este último punto uno de los motivos que intentan explicar la deforestación de la isla.

Pero algunos indicios desmienten esta teoría, puesto que sabemos que a lo largo de los senderos que utilizaban para su transporte se encuentran abandonadas estatuas situadas en ocasiones boca arriba o en otras boca abajo, lo que indicaría que las desplazaban en posición vertical, balanceándolas mediante trípodes y cuerdas. Esto concordaría con las tradiciones orales rapanui, pues incluso hoy en día los isleños señalan que los moai llegaban “caminando” hasta los ahu, levitando gracias al poder mágico del mana. En opinión de la mayoría de arqueólogos, en cambio, no podían transportarse erguidos, puesto que el material utilizado para su construcción, la toba volcánica, se encontraría muy dañada en su base tras el proceso de transporte. Pero, en opinión del guía local que me acompañó durante mi visita y atendiendo al sentido común, los moai que hoy en día se encuentran en la cantera y que nunca salieron de ella poseen una base bastante más larga que las estatuas que llegaron a erigirse en una plataforma ceremonial, hecho que podría indicar que eran arreglados justo antes de su erección. Además, este método también explicaría por qué existen moai tumbados boca abajo, puesto que sabemos que los isleños abandonaban las estatuas que sufrían algún daño durante su tallado o transporte, porque consideraban que ya no podrían emitir mana.

Continuará...


jueves, 15 de septiembre de 2011

Los misterios de la Isla de Pascua. Primera parte


La Isla de Pascua, situada en el Pacífico Sur, a unos 3500 kms. al oeste de la costa chilena, es uno de los puntos del planeta que más ha suscitado la imaginación de Occidente, probablemente por su total aislamiento y sus conocidas estatuas monumentales, los moai, obras arquitectónicas sin igual en el resto del mundo. Aunque sucesivas investigaciones científicas han revelado algunos de sus secretos, gran cantidad de detalles sobre su cultura, su escritura o sus propios orígenes continúan resultando del dominio de la especulación. Incluso su propio nombre, Rapa Nui, adoptado actualmente por los isleños y que literalmente significa “resplandor”, no es el original. Ni siquiera aquel otro conservado por la tradición oral rapanui, Te Pito O Te Henua, “el ombligo del mundo”, parece ser el original, puesto que no se registró hasta el año 1873. Lo más probable, aunque no deje de resultar una mera especulación, es que los antiguos isleños se refirieran a su hogar simplemente como Te Kainga, “La Tierra”, la única tierra que realmente conocieron. Ni que decir tiene que Isla de Pascua, nombre dado a la isla por los primeros exploradores europeos que avistaron sus costas, precisamente el Domingo de Resurrección del año 1722, resulta totalmente inapropiado para referirse al hogar de los isleños actuales.

Investigaremos ahora algunos de los misterios en torno a los orígenes de los primeros pobladores de Rapa Nui.

Cuenta la tradición oral que el mítico continente de Hiva, hogar ancestral del pueblo rapanui, sufrió una serie de catástrofes naturales que amenazaban con su total desaparición. Es por ello que Hau Maka, chamán del ariki (rey) Hotu Matu’a, en una visión inspirada por el dios creador Make Make, vislumbró una nueva tierra donde su pueblo podría refugiarse, Te pito ó te henua, el ombligo del mundo, la tierra más alejada de cualquier otro punto habitado del planeta. El ariki envió entonces a siete exploradores para que viajaran hasta la nueva tierra y regresaran luego a informar sobre las posibilidades de su colonización. Así, dos exploradores permanecieron en la isla, mientras que los otros cinco regresaron para informar al rey. Hotu Matu’a inició su traslado a la nueva tierra con todo su séquito en dos grandes pahi o canoas dobles. Una vez desembarcados, Hotu Matu’a se convirtió en el primer rey de Rapa Nui y fijó su residencia en el sector de Anakena, la única playa de la isla. Poco antes de su muerte, repartió las nuevas tierras entre sus hijos y así se formaron las distintas mata o tribus.

No se sabe realmente dónde se encontraba el mítico continente de Hiva, si es que realmente existió alguna vez, ni cuál es exactamente la procedencia de los primeros pobladores de la Isla de Pascua. Recientes estudios antropológicos y lingüísticos, además de otros que han identificado semejanzas en las cadenas del ADN isleño, señalan el parentesco rapanui con el resto de pueblos polinesios del Pacífico, mostrando una probable procedencia desde las islas más australes de la Polinesia Francesa. Pero, si bien es cierto que existen evidentes conexiones culturales con el resto de pueblos polinesios, por ejemplo, en el ámbito de sus creencias religiosas, un guía local me señalaba, en mi reciente visita a la isla, las evidentes diferencias físicas entre las dos etnias que originalmente poblaron Rapa Nui. Estas dos castas o etnias, denominadas como “orejas largas” y “orejas cortas”, presentaban evidentes diferencias morfológicas. Los “orejas cortas”, que los relatos tradicionales asimilan con las clases trabajadoras, o tal vez incluso eran esclavos, presentan unas evidentes características físicas que posibilitan un parentesco, por ejemplo, con los maorís neozelandeses o los pobladores nativos de las islas hawaianas. Por el contrario, los “orejas largas”, las clases gobernantes durante los periodos más antiguos del poblamiento de la isla, presentan unas características físicas totalmente diferenciadas de cualquier cultura polinesia, que se hacen más evidentes mediante la observación de sus rostros alargados y rectangulares, similares a aquellos tallados en las famosas estatuas denominadas moai. Actualmente la etnia rapanui, que estuvo a punto de desaparecer a finales del s. XIX debido a la piratería, las enfermedades y los esclavistas peruanos, resulta una mezcla de ambas etnias originales diferenciadas, pudiendo nacer en una misma familia individuos con unas características morfológicas similares a una u otra etnia, y es evidente que cualquier estudio de ADN dará como resultado un parentesco con los pueblos polinesios. El resultado, entonces, es el mismo, no se conoce la procedencia real del pueblo rapanui, como mínimo el de su etnia gobernante, los “orejas largas”, los constructores de moai, unas esculturas monumentales sin parangón ya no en la Polinesia, sino en cualquier otro punto del planeta…

Continuará...

lunes, 18 de julio de 2011

Arte y mitología en Mesopotamia. Segunda parte. La Torre de Babel


Aunque Mesopotamia no constituyó nunca una unidad política al estilo de Egipto, sí comparte con el país del Nilo una misma cosmovisión en cuanto a la concepción sobre el tiempo cíclico y, sobre todo, del espacio sagrado. En este sentido sus construcciones son un reflejo del cosmos ordenado. Las ciudades reproducen el orden celeste y los templos simbolizan el Axis Mundi, el eje o “centro del mundo”, arquetipo del origen de la creación y símbolo presente en la cosmovisión de casi todas las culturas del mundo antiguo, que une y permite la comunicación de las tres esferas, el cielo, la tierra y el inframundo. Gracias a este eje, por ejemplo, los dioses pueden descender a la tierra y los hombres ascender al cielo. Este es el significado de pirámides y zigurats.

El zigurat es una torre cuadrada de varios pisos escalonados o terrazas superpuestas de dimensiones decrecientes hacia arriba, en cuya cima se encuentra un santuario. Las caras se orientan hacia los cuatro puntos cardinales y se sube a los diferentes niveles por medio de una rampa que rodea los cuatro lados, o por dos escaleras simétricas que trepan por el frente o los laterales. En su construcción se empleaban materiales muy ricos: mármol, alabastro, lapislázuli, oro y cedro, aunque la pieza básica en su construcción fue el ladrillo de arcilla moldeado y secado al sol, debido a la geografía de la zona y su escasez en bloques de piedra. Aparecieron por primera vez durante el periodo neosumerio, a finales del III milenio a.C., derivando del antiguo templo sumerio y pudiendo elevarse hasta una altura de siete o incluso ocho pisos. A diferencia de las pirámides egipcias, no contienen cámaras internas, son macizos. Servían como lugares de culto y de adivinación (Es famosa la ciencia astrológica y adivinatoria mesopotámica). Como señalábamos antes, su función correspondería con el de la Pirámide Escalonada de Saqqara, en Egipto, donde la escalera permite al hombre elevarse a los planos divinos y a las fuerzas divinas descender al mundo terrestre.

Del templo del dios Marduk y su zigurat en Babilonia, más conocido por el nombre bíblico de Torre de Babel, no han llegado hasta nuestros días más que algunos restos de sus cimientos, así que debemos conformarnos con las descripciones que de él hicieron viajeros e historiadores como el griego Herodoto en el s. V a.C. Así describe Herodoto el edificio: “El santuario de Zeus Belo (Marduk), con las puertas de bronce, que todavía duraba en mis días, es un cuadrado de dos estadios (1 estadio = 185 metros) de lado. En medio del recinto hay una torre maciza que tiene un estadio de largo y otro de ancho. Sobre esta torre se levanta otra, y sobre ésta una tercera, hasta llegar a ocho torres. La escalera que lleva a ellas está construida por fuera, en círculo, alrededor de todas las torres, y a la mitad de la escalera hay un rellano con asientos donde descansan los que suben. En la última torre se encuentra un gran templo y dentro del templo hay una gran cama, muy bien puesta, y a su lado una mesa de oro. No hay allí ninguna estatua del dios, y ningún ser humano puede quedarse de noche, excepto una sola mujer, hija del país, a quien entre todas escoge el dios (…) En el recinto sagrado de Babilonia hay abajo otro templo, donde se halla una gran estatua de oro de Zeus (Marduk) sentado; junto a ella hay una gran mesa de oro, y el trono y el pedestal son también de oro, y el conjunto, según dicen los caldeos, está hecho con 800 talentos de oro”*.
*Herodoto, Historias, I, 181-183

lunes, 4 de julio de 2011

Arte y mitología en Mesopotamia


Mesopotamia, el territorio comprendido entre los ríos Tigris y Éufrates, en el actual Irak, nunca fue una unidad política al estilo de Egipto. Mientras que la egipcia fue una cultura muy homogénea tanto étnica como culturalmente, la mesopotámica se caracterizó por una heterogeneidad étnica y una homogeneidad cultural. Sumerios, acadios, babilonios, asirios, caldeos o persas, todos tuvieron sus momentos de esplendor a lo largo de la historia, pero la literatura, los mitos y creencias religiosas originales se transmitieron sin substanciales alteraciones de una nación a otra a través de los siglos. Por ello, aunque fijaré la mirada en asirios y caldeos para comentar su panteón religioso y sus mitos, el hecho de que la raíz de esta religión ya proviniera de los tiempos de los sumerios, a finales del IV milenio a.C., permite ilustrarla en un sentido más general.

En Asiria y Babilonia existieron dos tríadas básicas de divinidades, recogidos desde los antiguos tiempos de Sumer y Acad, la tríada de los dioses cosmológicos y la tríada de los dioses astrales .

Dioses cosmológicos:

- Anu es el dios del cielo, en origen la divinidad suprema. Era adorado en la sumeria ciudad de Uruk, pero su culto fue suplantado por el de su hija Ishtar, ya que Anu es un dios oculto que no se preocupa de los asuntos terrenales y humanos.

- Enlil es el dios de la tierra. Se le veneraba en Nippur. Es una divinidad a menudo iracunda a quien se atribuye la catástrofe del diluvio.

- Ea es el dios del abismo, de las aguas primordiales sobre las que flota el mundo. Es también la divinidad patrona de las ciencias, de la sabiduría y la inteligencia, un héroe civilizador y protector de la humanidad.

Dioses Astrales:

- Sin, dios de la Luna venerado en la ciudad de Ur, era considerado también un dios de sabiduría. Se le representa como un hombre casi anciano, con una larga barba de lapislázuli, tocado con una tiara y con una luna creciente. También era un dios del tiempo porque regulaba el calendario lunar.

- Shamash, dios del sol, simbolizaba la justicia y era el guardián de las leyes.

- Ishtar era la personificación de la fertilidad y la fecundidad. Era diosa del amor pero también de la guerra.

Durante las épocas asiria y babilónica cobraron relevancia dos nuevas divinidades, que no existían durante el periodo sumerio-acadio, consideradas de tipo “políticas”, ya que Marduk, divinidad local de Babilonia, fue elevado a la categoría de rey de los dioses. Marduk es un dios civilizador, patrón de la medicina y la magia y protector de la humanidad. Junto a él, Assur, divinidad local de la ciudad asiria del mismo nombre, también fue elevado al rango de divinidad suprema cuando Asiria se convirtió en un imperio poderoso.

En cuanto a los mitos mesopotámicos, dos son tal vez los más importantes: el Poema de la Creación y la Epopeya de Gilgamesh.

- El Poema babilónico de la Creación , conservado en siete tablillas procedentes de la biblioteca de Assurbanipal, último “gran rey” asirio que gobernó entre 669 y 627 a.C., en Nínive, narra la cosmogonía, la creación del universo, las luchas entre dioses por la supremacía y la creación del hombre.

 
- La Epopeya de Gilgamesh, cuyo origen se remonta al III milenio a.C., durante el periodo sumerio, la obra más conocida de la literatura mesopotámica, narra las aventuras del rey de Uruk con su amigo Endiku durante una serie de expediciones heroicas. De regreso a Uruk, la diosa Ishtar trata de seducir a Endiku y, al verse rechazada por él, los dioses decretan su muerte. Gilgamesh emprende entonces la búsqueda de Utnapishtim, ancestro lejano que sobrevivió al diluvio universal y que conquistó la inmortalidad. Tras un arduo viaje, el héroe encuentra a su ancestro, quien le muestra que para conquistar la inmortalidad deberá hallar una planta milagrosa en el fondo del mar. Gilgamesh encuentra la planta, pero una serpiente se la roba. Como consuelo, consigue de los dioses que al menos el alma de Endiku pueda regresar brevemente al mundo de los vivos para conversar con él. Endiku describe el lúgubre reino del inframundo y el poema finaliza con un abrumador pesimismo hacia el más allá.
 
Continuará...

miércoles, 15 de junio de 2011

Indignados


Quiero dedicar este post al reciente “movimiento 15-M” o “movimiento de los indignados” en España, un curioso e inesperado fenómeno que parece haber nacido espontáneamente y que agrupa a ciudadanos pertenecientes a diversos grupos de edad y escala social en una pacífica protesta que, en cierta forma, ha tomado como modelo aquellas otras que afectaron recientemente a diversos países del mundo árabe, principalmente Egipto y Túnez. Gracias a internet y las redes sociales, un heterogéneo grupo de colectivos se movilizó, tomando las plazas de las principales ciudades españolas de forma pacífica, para protestar y debatir propuestas ante la aguda crisis, no sólo económica, creada desde los poderes económicos y políticos y cuyas consecuencias recaen principalmente sobre la población más desfavorecida.

No pretendo investigar aquí todas las causas, motivos o reivindicaciones de este movimiento, tan sólo reproducir y comentar unas pocas ideas que captaron mi atención, extraídas de diversas fuentes afines al movimiento, y que considero muy interesantes.

Nos estamos uniendo para que crezca la consciencia de humanidad que hay en todos nosotros.

Estamos cansados que nos engañen y nos manipulen desde los medios de comunicación. Mucha gente piensa que el cambio no es posible. Pero el cambio ya ha empezado. Todos tenemos dentro un corazón, y todos debemos pensar más con el corazón, y vivir en una cadena de favores, ayudándonos los unos a los otros. Debemos evolucionar, ser mejores personas, debemos pensar más en lo realmente importante: la vida, el amor, la libertad y la felicidad, y menos en lo material.

Tiene que ser una evolución de la humanidad, y empieza por cada uno de nosotros mismos; sabemos más de lo que creemos. Somos nuestros propios dioses. Si realmente existe algo superior, debe estar dentro de cada uno de nosotros…

Sé realista, sueña con lo imposible… Abretumen-t

Si por algo captaron mi atención las reivindicaciones del 15-M es por su enfoque “conciencial” y humanístico, por su esencia pacífica y su voluntad de no limitarse a resultar una simple protesta, aportando propuestas que ayuden a mejorar nuestras relaciones sociales.

Aunque el movimiento ha gozado de una cierta atención mediática, desde los ámbitos de la política parece desprenderse una total indiferencia ante la importancia del creciente malestar en nuestra sociedad. Es posible que el mismo carácter humanístico que se encuentra en la base del pensamiento de “los indignados” sea percibido como demasiado utópico y carente de importancia desde las esferas de los poderes económicos y políticos, ya no sólo de nuestro país, sino de la cada vez más interconectada sociedad mundial.

Es cierto que en estos momentos todavía nos hallamos ante un reducido movimiento de influencia más bien escasa. Como toda criatura en sus primeros instantes de vida. Pero, como se indica en las líneas reproducidas anteriormente, el cambio ya ha empezado. Las ideas sobre la “nueva conciencia” llevan ya un tiempo entre nosotros, extendiéndose, influyendo sutilmente cada vez a más personas.

Los teóricos del materialismo económico y cultural piensan que los cambios sociales no pueden originarse en la conciencia, pues para ellos las ideas son tan sólo un reflejo mental colectivo que se forma posteriormente a los cambios en las estructuras sociales derivadas de las pugnas por el control de los medios de la producción económica. Pero estas posturas olvidan que toda evolución es un proceso que se produce a todos los niveles. La actual crisis económica sólo ha resultado un elemento clave que ha posibilitado una manifestación de esa “nueva conciencia” bajo una forma definida. El otro elemento clave es la evolución de las nuevas tecnologías, fundamentalmente internet y las redes sociales. Visiones transculturales como el llamado paradigma holístico, que a grandes rasgos propugna la interconexión e interrelación de todo lo existente, de todos los seres, y que se hallan arraigadas en el pensamiento de la “nueva conciencia”, no tendrían sentido sin internet y sus posibilidades de interacción a nivel global. Las más modernas corrientes de la psicología o la antropología utilizan el modelo de interconexión en red entre los individuos para formular sus teorías sobre el comportamiento y las relaciones humanas en sociedad.

Es por todo ello que bien harían las clases dirigentes en prestar su debida atención a este movimiento que nace, puesto que las ideas que lo sustentan ya se encuentran enraizadas en la conciencia de muchas personas. Todo cambio es un lento proceso de adaptación ante unas situaciones novedosas. No podemos esperar que el cambio se produzca en poco tiempo, debemos tener paciencia puesto que, desgraciadamente, la historia nos enseña la facilidad con que se corrompen las “altas ideas” y las situaciones degeneran en violencia y sufrimiento para toda la sociedad. Pero nuestros gobernantes también deben comenzar ya por hacerse eco de algunas de las propuestas surgidas de las “asambleas ciudadanas” celebradas en las plazas de nuestras ciudades.

Por fin un soplo de aire fresco en la adormilada sociedad del ocio, el consumo y los reality-show…

miércoles, 25 de mayo de 2011

La ciudadela medieval de Carcasona. Segunda parte


Después de la reconquista de los cristianos se inauguró la época feudal, durante la cual los nobles de Carcasona, la dinastía de los vizcondes de Trencavel, gozaron de una amplia autonomía, sucediéndose durante más de 300 años hasta Raymond-Roger Trencavel. Fue en este momento histórico, alrededor de los siglos XII-XIII, cuando en la región del Languedoc, de la que Carcasona fue una de sus capitales más importantes junto con Toulouse y Narbona, se desarrolló la que conocemos como “herejía albigense”. Sus seguidores eran llamados cátaros, aunque ellos nunca se denominaron a sí mismos con este nombre, u hombres buenos. Fundamentalmente maniqueístas, pensaban que el mundo se dividía en dos corrientes opuestas, la del bien y la del mal. No creían en la muerte de Jesús a manos de los romanos, por ello nunca usaron el símbolo de la cruz. Los sacerdotes cátaros eran "los perfectos" u "hombres puros". Con sus largos trajes negros recorrían los caminos ayudando a quien lo pidiera. Para ello llevaban siempre una copia del Evangelio de San Juan, el único auténtico en su concepción del cristianismo. Con esa filosofía de vida y la austeridad y total desapego de las riquezas materiales de la que hacían gala, se ganaron las simpatías de caballeros, nobleza y del pueblo llano, donde eran aceptados plenamente. Algunos de los señores feudales de la zona, como el conde de Foix y el vizconde de Béziers los apoyaron plenamente, y el mismo Raimond-Roger Trencavel fue uno de los personajes más importantes dentro del catarismo. En el mundo de opresión e injusticia de la baja Edad Media, su filosofía liberadora se extendió a casi toda Europa, con miles de adeptos en Francia, Alemania, Italia y España, lo que provocó la reacción de Roma. El Papa Inocencio III los declaró secta herética y en enero de 1208 comenzó la cruzada albigense contra los enclaves cátaros.

En 1209, tras dos semanas de sitio, Carcasona fue vencida por las huestes de Simón de Montfort, comandante del ejército cruzado, que conquistó la plaza gracias al engaño, pues hizo capturar al vizconde Raimond-Roger cuando éste salió de la fortaleza con el fin de parlamentar. El dignatario fue encarcelado y poco más tarde murió de disentería. Con esta “fácil” ocupación y la posterior derrota y muerte de Pedro “el Católico”, rey de Aragón que acudió en defensa de sus vasallos occitanos, durante la batalla de Muret en 1213, Montfort convirtió la cruzada en su personal “negocio”, repartiéndose las tierras de los vencidos con el clero católico y los nobles franceses.

Terminada la Edad Media, y como casi todos los monumentos de aquella época, la ciudad fue abandonada, sus piedras reutilizadas para otras construcciones y sus torres aprovechadas como garajes, cuadras o talleres. Afortunadamente, el historiador Jean-Pierre Cros-Meyrevieille y en especial el arquitecto Viollet Le Duc promovieron a mediados del siglo XIX la conservación y rehabilitación de la ciudad. En 1844 comenzaron las obras de restauración de la Iglesia de San Nazario, a la que siguieron en 1853 las de las fortificaciones.

Actualmente la “Cité” ha sobrevivido como centro turístico de la región del Aude, con sus estrechas callejuelas repletas de restaurantes y comercios, pero sin duda una parte del antiguo espíritu occitano aún perdura, pues no en vano aquellas personas de alma elevada son capaces de revivir en su fuero interno aquella época legendaria cuando pasean por entre sus murallas.

Artículo publicado originalmente en la revista El mundo de Sophia, número 32

lunes, 9 de mayo de 2011

La ciudadela medieval de Carcasona


En la región francesa del Aude, a 160 Km. de la frontera española, se halla la gran fortaleza medieval de Carcasona. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997, es la mayor ciudad amurallada que se conserva en Europa. Por eso no es de extrañar que cuando se contemplan sus imponentes murallas, se penetra en la ciudad por la “puerta Narbonesa” o se visita la basílica gótica de San Nazario, se quede uno sobrecogido por su majestuosidad, sintiendo cómo el alma es transportada a un tiempo de leyenda donde brillantes caballeros occitanos se enfrentaban a las malvadas huestes del ejército cruzado para proteger su ciudad, sus creencias y su forma de vida. Pero, ¿cuándo fue erigida una ciudadela tan formidable como la “Cité”? (ciudad medieval amurallada)

Los primeros asentamientos se produjeron hacia el siglo VI a.C., como demuestran las excavaciones arqueológicas que han localizado restos de cabañas construidas por los Iberos; pero fueron los romanos, tras su conquista de la región de Narbona el año 122 a.C., quienes construyeron las primeras murallas. La situación estratégica en que se ubica la ciudad la convirtió en un importante objetivo de conquista durante las distintas épocas de la historia. Como consecuencia de esto, las fortificaciones sufrieron continuas ampliaciones y mejoras para adaptarse a la evolución de las técnicas de guerra.

Tras los romanos llegaron los francos y más tarde los visigodos. A esta época pertenece una de las leyendas sobre el Grial, el sagrado objeto que según algunas teorías pudo formar parte del tesoro de Salomón y que los romanos robaron de Jerusalén el año 70 d.C. Posteriormente, el rey visigodo Alarico lo llevó consigo a Carcasona, tras el saqueo de Roma en el 410 d.C. El tesoro, además de grandes reliquias religiosas, estaría formado por miles de monedas de oro y plata de varias épocas que pudieron ser las que trasladaron los cátaros a lugar seguro un año antes del asedio al castillo de Montsegur, su último bastión. Algunos investigadores relacionan este tesoro con el que habría descubierto a finales del s.XIX Bérenger Sauniére, párroco de la cercana villa de Rennes-le-Château, que se hizo muy rico en extrañas circunstancias...

En el año 725, los sarracenos tomaron Carcasona. De este período se conserva un relato sobre el origen del nombre de la ciudad. Según se cuenta en varias canciones compuestas por trovadores varios siglos después del acontecimiento, el emperador Carlomagno decidió reconquistar Carcasona para los cristianos asediándola hasta que los defensores capitularan por la falta de provisiones. En el momento más crítico, tras cinco largos años de sitio, la mujer del rey sarraceno Balaack, la Dama Carcás, tuvo la brillante idea de arrojar desde una de las torres el último cerdo vivo que les quedaba, engordado además con los también últimos granos de trigo. Esta estratagema surtió el efecto deseado y Carlomagno, desanimado, abandonó el cerco. Mientras se retiraban, la Dama hizo sonar los clarines de la victoria y uno de sus comandantes le hizo al emperador la siguiente observación: “Carcàs sona!” (Carcás suena).

Continuará...

Artículo publicado originalmente en la revista "El mundo de Sophia", número 32