lunes, 31 de enero de 2011

La Eneida de Virgilio. Segunda parte, el descenso a los infiernos


La riqueza de la Eneida trasciende el proyecto político e ideológico, convirtiéndose en un texto que significa algunas de las más profundas inquietudes filosófico-existenciales del ser humano. El canto VI representa un buen modelo en este sentido, pues en él se narran los acontecimientos sufridos por Eneas tras su llegada a Cumas, en la Campania italiana, donde es recibido por la Sibila y guiado por ella en su descenso al inframundo, donde el espíritu de su padre le hace partícipe de su destino fundacional y del futuro de Roma. Eneas, que a diferencia de los héroes griegos presenta unas marcadas cualidades morales, experimenta una katabasi, un descenso purificador a los infiernos, una “muerte iniciática” que eliminará sus dudas existenciales.

Durante el descenso Virgilio emplea la emotividad de sus versos para relatarnos una visión de la gran duda existencial humana, la posibilidad de la vida tras la muerte y los azares de los espíritus humanos en el más allá. Recoge incluso algunas teorías filosóficas presentes en pensadores clásicos como Pitágoras o Platón, aquella creencia basada en la transmigración o renacimiento de las almas inmortales en nuevos cuerpos humanos: “Esas almas –le dice-, destinadas por el hado a animar otros cuerpos, están bebiendo en las tranquilas aguas del Leteo el completo olvido de lo pasado” (libro VI, pág. 179). La pervivencia del motivo sobre la katabasi en la mentalidad occidental condujo a Dante a hacer de este episodio de la Eneida la guía para la representación del Infierno en su Divina Comedia.

Los versos de Virgilio en la Eneida, verdaderos ejemplos de la excelencia en cuanto a la métrica y musicalidad, adquieren progresivamente una mayor intensidad dramática en el libro VI, culminando en la parte final del capítulo con la revelación del destino del héroe: “Escúchame, pues voy a decirte la gloria que aguarda en lo futuro a la prole de Dárdano […] voy a revelarte tus hados” (libro VI, pág. 180). Como en casi toda la poesía épica, el ritmo narrativo es pausado, aumentando en intensidad dramática a medida que se acerca el desenlace final. Virgilio utiliza en este capítulo alguno de los procedimientos técnicos más habituales en poesía épica, herencia de los autores helenos, cuyo objetivo consiste en retrasar este desenlace, rompiendo también la monotonía de la narración. Una de estas técnicas consiste en la introducción de las denominadas como analepsis prolépticas, una de las cuales ya hemos comentado, la revelación del hado del héroe, que se refieren al avance de informaciones relativas al futuro que buscan la complicidad del público. Suelen adoptar la forma de oráculos o profecías expresadas en estilo directo. Otro ejemplo lo encontramos en el inicio del capítulo, cuando la Sibila otorga su primer oráculo a Eneas: “¡Oh, tú, que al fin te libraste -exclama-, de los grandes peligros del mar, pero otros mayores te aguardan en tierra! Llegarán, sí, los descendientes de Dárdano a los reinos de Lavino.” (libro VI, pág. 160).

La intensidad dramática aumenta a medida que Eneas y la Sibila se adentran por los parajes del Hades, las invocaciones y diálogos en estilo directo y primera persona se hacen más frecuentes. Eneas se encuentra con algunos guerreros troyanos muertos durante el incendio y conquista de su ciudad; más adelante la Sibila describe, en unos emotivos versos que erizan el cabello del lector, las visiones sobre los horrores del Tártaro, el terrorífico abismo situado bajo el mismo inframundo, abismo asentado sobre los cimientos del mundo, allí donde Júpiter arrojó a los Titanes. Por fin, tras cruzar la mansión de Plutón y llegar a los Campos Elíseos, donde moran las almas trascendidas, se encuentra con su padre Anquises, acabando el poeta la parte mitológica del capítulo e iniciando la épica propiamente dicha, en el clímax final del canto. Es ahora cuando Virgilio rememora los episodios y personajes más gloriosos de la historia romana. La fundación de la “ciudad eterna” y sus cuatro primeros reyes: Rómulo, Numa Pompilio, Tulo Hostilio y Anco Marcio; grandes personajes de la República, como Catón el Viejo o Africanus, vencedor de Aníbal, el gran general cartaginés; por fin, César, divinizado por el pueblo, y el más grande de todos, Augusto, su “hijo”, descendiente de una estirpe divina y restaurador de la edad dorada de los orígenes.

Resulta sin duda la Eneida una obra maestra de la literatura de todos los tiempos, cuya estructura y contenido han influido en la mentalidad occidental, de una u otra forma, con el discurrir de los siglos. Un texto de un valor literario incuestionable que se ha tomado siempre como referente de la maestría poética.

lunes, 17 de enero de 2011

La Eneida de Virgilio. Primera parte


La Eneida es el poema épico latino por excelencia. Creado por Virgilio durante diez años de trabajo, canta la leyenda del héroe mítico Eneas, el troyano hijo de Anquises y la diosa Venus, que logró escapar tras la caída de Troya y se embarcó en una misión fundacional que le conduciría a convertirse en precursor de la ciudad de Roma.

Compuesta en doce libros y estructurada siguiendo el modelo homérico, ya que en ella se encuentran adaptados muchos personajes y acontecimientos de la Iliada y la Odisea, recoge en sus páginas gran parte del acervo mitológico grecorromano, incluyendo también algunos de los acontecimientos históricos más importantes de la ciudad hasta el principado de Augusto, fundiendo las dos grandes temáticas de la poesía épica latina, la mitológica y la nacional-patriótica. Los seis primeros libros, cuyos argumentos son tomados de la Odisea homérica, relatan las míticas aventuras del héroe en su viaje hacia Italia. Los seis últimos constituyen el relato épico, adaptado en parte de la Iliada, sobre las luchas del héroe en su afán por asentarse en la Lacio italiana y fundar una ciudad que más tarde sería conocida como Roma.

La Eneida, modelo básico de toda la épica latina, llegaría a convertirse en la epopeya nacional de los romanos. Creada por encargo del primer emperador, Augusto, la obra cumplió un cometido propagandístico destinado a legitimar el gobierno unipersonal del princeps, al dirigirse hacia la mentalidad y los valores que el nuevo régimen deseaba instaurar en la sociedad del momento. Desde inicios de la República, a finales del s. VI a.C., se instaló en la mentalidad romana una aversión hacia los gobiernos unipersonales hereditarios, presente todavía en época de Augusto. Es por ello que Octavio hubo de presentarse como garante de la herencia gloriosa de la República, y para este cometido encargó a su amigo y consejero Cayo Mecenas la creación de un círculo artístico y literario del cual Virgilio fue uno de sus máximos exponentes. Así, Virgilio contribuyó a presentar al princeps como el genio tutelar de Roma, su verdadero defensor, ayudando a su posterior divinización por devoción popular.

La Eneida representa también uno de los intentos por dotar a Roma de una “historia oficial”, que no real, de sus orígenes, un compendio de mitos, leyendas y hechos históricos que más tarde formaron un corpus que arraigó sobremanera en la conciencia popular de todo ciudadano romano. De esta forma, la obra establece una Roma ideal, aquella que renacía de la mano de Augusto, una recuperación de la mítica Edad de Oro*, como se aprecia en: “Ése será el héroe que tantas veces te fue prometido, César Augusto, del linaje de los dioses, que por segunda vez hará nacer los siglos de oro en el Lacio, en esos campos en que antiguamente reinó Saturno” (libro VI, pág. 181). Se proclama, además, la divina misión civilizadora de la ciudad como rectora de los pueblos, una visión nacionalista y patriótica que ha sido harto criticada. Pero gran parte de esa visión crítica nace de los prejuicios occidentales que tienden a considerar intrínsecos gobierno unipersonal y tiranía, mentalidad procedente en parte de la herencia cultural que, desde la Edad Media, pasando por los absolutismos de época moderna y los nacionalismos patrióticos del s. XX (fascismos), se instaló en la mentalidad occidental contemporánea, más acostumbrada a idealizar la época republicana que la imperial.

Es cierto que Virgilio contribuyó a reforzar y legitimar el gobierno de Augusto, pero ello no significa que el emperador fuese un “despiadado tirano”, puesto que este tipo de interpretaciones olvidan el caótico periodo que, para el pueblo romano, significó la época tardo-republicana. Así, el Principado de Augusto constituyó ciertamente un periodo de estabilidad para Roma, de paz, bienestar y crecimiento económico para sus ciudadanos, si bien es cierto que también fueron restringidas algunas libertades que otros escritores como Ovidio, que cayó en desgracia y fue desterrado, hubieron de padecer.


Continuará...

* El tópico de la Edad de Oro, formulado ya en la literatura clásica, ha persistido en la conciencia social de Occidente. Se refiere básicamente a una Edad ideal de absoluta felicidad en la cual el hombre carecía de preocupaciones de ninguna clase, en un tiempo en que dioses y hombres llevaban una existencia paralela.

lunes, 20 de diciembre de 2010

El poder de crear nuestra realidad. Segunda parte


La fe mueve montañas. Este tópico, presente en nuestra mentalidad desde tiempos inmemoriales, se refiere al poder que las ideas, las creencias ya no a nivel intelectual, sino experiencial y vivencial, ejercen sobre nosotros. Nuestras ideas crean la realidad a un nivel que no debe despreciarse. Lévi-Strauss*, en sus investigaciones sobre curas chamanísticas en algunas culturas tradicionales, se preguntó cómo era posible que unas técnicas totalmente alejadas de la medicina positiva fueran capaces de lograr la curación, en apariencia milagrosa, de sus pacientes. Sus conclusiones fueron realmente asombrosas. La eficacia de este tipo de hechiceros radicaba en el nivel de aceptación, de creencia que le otorgaban tanto el paciente como su entorno socio-cultural (su eficacia como sanador era reconocida por el colectivo). Así, mediante complejos rituales que a nosotros podrían semejarnos delirantes escenificaciones, lograban la sanación de múltiples enfermedades de carácter psicosomático.

Más allá de los mecanismos de control social, este conocimiento resulta un singular instrumento en la construcción de nuestra propia realidad. ¿Se han preguntado alguna vez cómo cambiar determinados aspectos de su vida? ¿Cómo pueden reorientar, o tal vez simplemente reafirmar, algunas ideas o convicciones que les provocan dudas? A continuación expondré un ejemplo práctico.

Tal vez nos encontremos limitados por nuestro entorno, nuestros prejuicios e ideas preconcebidas, y también por los condicionantes sociales. Pero ante todo, es primordial un primer trabajo de reflexión interior dirigido a formar en nuestra conciencia, a buscar la idea más elevada de que seamos capaces, una idea que, a nivel emocional, nos provoque la mayor sensación de felicidad, bienestar y pasión.

¿Ya han averiguado cuál es?

Pongamos por ejemplo que para una persona, la idea más elevada, aquella que podría hacerle más feliz en su existencia, podría ser el sentirse permanentemente enamorado, el experimentar ese sentimiento cada día de su vida. Imaginen que esa emoción, ese proceso psíquico, condicionante social o arquetipo cósmico que denominamos amor, no importa por qué, provoca en todo su ser (físico, psíquico, emocional, ¿espiritual?) una reacción que desencadena un torrente de bienestar, de entusiasmo, de alegría. Esta persona, cuando imagina que se siente así en todo momento, para él resulta maravilloso. El problema es que pasado un tiempo, la inmediatez le reclama, el momento desaparece y queda olvidado. ¿Cómo lo convierte en constante?

Tras el trabajo de reflexión inicial, puede resultar conveniente el hecho de escribir la idea y las emociones que la acompañan, nombrándolas después en voz alta con el objetivo de “crearlas”, de otorgarle una forma real en su propia conciencia. A partir de aquí, será por repetición constante como la idea y sus efectos en la experiencia se instalarán definitivamente en su mente, creciendo, tal vez ampliándose desde la forma de amor que más se asocia con la idea, el amor de pareja, hacia un amor más holístico, más global; se habrá convertido en una realidad; así es como ustedes la experimentarán, porque repitiendo, creyendo con tenacidad en una idea, es como ésta se materializa en el mundo, aunque este mundo se limite al campo de sus propias conciencias.

Podrían argumentarse dos debilidades a este sistema. La primera, es que hay momentos, días en que las circunstancias hacen sumamente complicado enfocar la idea y asociarla a la emoción, es decir, forzarse a sentir una emoción como el amor un día de esos que llamamos “negros”. Bien, pueden ayudarse mediante, por ejemplo, una buena música, pues el gran don de la música consiste en las emociones que, inconscientemente, nos transmite. Por otra parte, alguien podría indicar que la repetición, la rutinización comporta la progresiva desaparición del entusiasmo y la ilusión, de la fuerte emoción que al principio nos provocaba la idea. Tengan en cuenta que las ideas son una producción del pensamiento lógico-racional, mientras que las emociones intensas no tienen sentido fuera del mundo de la acción. Cada día pueden surgir oportunidades para poder crear y vivir con esas ideas y emociones, cada día surgen ocasiones para sentirse enamorado, libre o justo en medio de nuestra vida cotidiana. Hagan la prueba, tal vez una ayuda prestada al necesitado, tal vez una simple sonrisa que levante el ánimo de alguien sumido en la tristeza… La única forma de mantener permanentemente ese estado deseado es mediante la acción.

Les invito a crear sus propias realidades, a trabajar por sus anhelos, les invito a descubrir por ustedes mismos el antiguo elixir de los alquimistas… Felices fiestas!!

* Claude Lévi-Strauss (1908 - 2009), antropólogo francófono belga fundador de la antropología estructural.

domingo, 12 de diciembre de 2010

El poder de crear nuestra realidad. Primera parte


¿Se han fijado en la enorme influencia que determinadas ideas ejercen sobre nuestra forma de ver la vida? ¿Cómo experimentamos el amor? ¿La justicia? ¿La libertad? ¿Qué hace diferentes, especiales a estas ideas en comparación con otras? ¿De dónde proviene su poder sobre nosotros?

Nuestra personal visión de la existencia se fundamenta sobre una singular serie de conceptos más o menos integrados socialmente y aceptados individualmente, que estructuran nuestra realidad vivencial, una serie de significados que constituyen una estructura, casi una institución sobre la forma como experimentamos la realidad individual y colectivamente. La historia de la filosofía y, en general, de las ciencias humanas se halla plagada de teóricos que han tratado de aportar diferentes explicaciones a este problema: Platón y la filosofía idealista en general otorgaban una entidad real y separada a tales ideas (bien, justicia, belleza, etc.), las llamaron arquetipos universales y creyeron que el mundo natural no era más que una copia, un reflejo en la materia de esos mundos invisibles y perfectos; otras corrientes las consideraron más bien categorías restringidas por el contexto socio-cultural, es decir, el significado de una idea como la justicia o la libertad puede variar dependiendo de la cultura que la formule. En este sentido, este tipo de ideas no dejan de resultar auténticas instituciones, mecanismos del colectivo que aportan los modelos considerados válidos (estereotipos) tanto para la propia percepción como para el desarrollo del individuo en sociedad.

Pero más allá de su origen y su misma esencia, tal vez debamos investigar su funcionamiento en nosotros mismos y nuestro entorno. ¿Qué significa para mi entorno la libertad? ¿Cómo la experimenta? ¿Cómo la experimento yo? ¿De qué forma puede una idea penetrar, crecer y llegar a dominar toda la experiencia de una persona?

Contrariamente a lo que podría parecer, se trata de un mecanismo sumamente sencillo. Cuando se desea establecer una idea en la conciencia colectiva, ésta debe acompañarse de repetición y sentimiento. Uno de los procesos de aprendizaje fundamentales en el ser humano es el método por ensayo y error, desarrollando nuestras habilidades mediante la repetición ya desde la infancia. Y más allá de esto, el hombre tiende a rutinizar su existencia, debido a una necesidad intrínseca de orden y autocontrol, puesto que lo extraordinario, la anomalía y lo inesperado suelen ser causa de tensiones a nivel psicológico. Por otra parte, para que una idea se imponga, debe acompañarse de un fuerte componente emocional, debe dirigirse más hacia el sentimiento que hacia la razón lógica. Un ejemplo clarificador sobre cómo actúan estos mecanismos en el particular caso de la manipulación consumista a través de los medios de comunicación de masas, podría ser la forma como se forjan la mayoría de anuncios publicitarios desde hace algunos años. El producto que se desea vender es asociado con alguna de las ideas “arquetípicas” que permanecen invariablemente en la mente del colectivo, por ejemplo, la idea de libertad. Aunque esto resulte una falsedad, la constante repetición del anuncio provoca en la mentalidad un efecto inconsciente de rutinización, es decir, con el tiempo la mera imagen o mención del producto es realmente asociada por el individuo a una idea, tal vez un estilo de vida, y una emoción, el deseo de poseer ese “bien” material para satisfacer una “necesidad” de bienestar. A la luz de lo expuesto, reflexionen, por ejemplo, en los efectos que les produce la siguiente frase: “¿Te gusta conducir?”

Continuará...

lunes, 6 de diciembre de 2010

Hypatia de Alejandría. Segunda parte, el final del mundo clásico.


Hypatia murió en marzo del año 415, y su asesinato está descrito en la obra de Sócrates el escolástico, un historiador cristiano del s. V:

"Todos los hombres la reverenciaban y admiraban por la singular modestia de su mente. Por lo cual había gran rencor y envidia en su contra, y porque conversaba a menudo con Orestes, y se contaba entre sus familiares, la gente la acusó de ser la causa de que Orestes y el obispo no se habían hecho amigos. Para decirlo en pocas palabras, algunos atolondrados, impetuosos y violentos cuyo capitán y guía era Pedro, un lector de esa iglesia, vieron a esa mujer cuando regresaba a su casa desde algún lado, la arrancaron de su carruaje; la arrastraron a la iglesia llamada Cesárea; la dejaron totalmente desnuda; le tasajearon la piel y las carnes con caracoles afilados, hasta que el aliento dejó su cuerpo; descuartizan su cuerpo; llevaron los pedazos a un lugar llamado Cinaron y los quemaron hasta convertirlos en cenizas.”

Hypatia, por
Charles W. Mitchel
No se sabe si Cirilo ordenó directamente el asesinato, pero como mínimo creó el clima político que hicieron posible unos hechos tan crueles. Más tarde Cirilo fue canonizado.

Orestes informó del asesinato y solicitó a Roma que se iniciara una investigación, pero luego hubo de renunciar a su puesto y huir de Alejandría. La investigación se pospuso repetidas veces por "falta de testigos" y más tarde Cirilo proclamó que Hypatia continuaba con vida en Atenas.

Aunque la vida de Hypatia acabó trágicamente, su obra permaneció, alcanzando logros extraordinarios para una mujer de su época. Los filósofos la consideraron una mujer de gran conocimiento y una maestra excelente. Su brutal asesinato ha sido considerado como uno de los indicadores del final de la enseñanza filosófico-científica, de la sabiduría clásica, en Alejandría y en todo el Imperio romano. Con el asesinato de Hypatia occidente de sumió en mil años de oscurantismo medieval, si bien la ciencia griega sobrevivió en Bizancio y floreció en el mundo árabe, hasta que fue rescatada, para occidente, por los humanistas del Renacimiento florentino a partir del s. XV.

martes, 30 de noviembre de 2010

Hypatia de Alejandría, la última filósofa. Primera parte

Supuestamente nacida alrededor del año 370 d.C., aunque algunos historiadores establecen la fecha de su nacimiento bastante antes, en el año 355. El padre de Hypatia, Theon, era un matemático y astrónomo que trabajaba en el Museion*, en Alejandría. Supervisó todos los aspectos de la formación de su hija, educándola en un ambiente de pensamiento y reflexión. Según la leyenda, estaba decidido a que se convirtiera en "un ser humano perfecto", desarrollando para ella una rutina física que le asegurase un cuerpo saludable y una mente muy funcional. Entre ambos se creó un fuerte vínculo, compartiendo su pasión por la búsqueda de respuestas a lo desconocido. Era realmente una joven excepcional. La mayoría de los historiadores cree que superó en conocimiento a su padre.

Hypatia según Rafael
Theon instruyó a Hypatia en la comprensión de las diferentes religiones del mundo y le enseñó el arte de la oratoria, así como los principios de la enseñanza, lo que motivó que personas de otras ciudades acudieran a estudiar con ella. Viajó a Grecia e Italia, impresionando a todos los que la conocieron por su inteligencia y su belleza. De regreso en Alejandría, se dedicó a la enseñanza de las matemáticas y la filosofía. En ese momento histórico, el Museion había perdido su preeminencia como centro de enseñanza, y Alejandría contaba con escuelas diferentes para paganos, judíos y cristianos. Sin embargo, enseñaba a miembros de todas las religiones, y quizá llegó incluso a ser titular de una cátedra municipal de filosofía. Según el enciclopedista bizantino Suidas, "fue oficialmente nombrada para explicar las doctrinas de Platón y Aristóteles”. Los estudiantes acudían a Alejandría para asistir a las lecciones de Hypatia sobre matemáticas, astronomía, filosofía y mecánica. Su casa se convirtió en un centro intelectual, donde se reunían los estudiosos para discutir cuestiones científicas y filosóficas.

Hypatia se enfrascó en la política de Alejandría. Uno de sus alumnos, Hesiquio el Hebreo, escribió: "Vestida con el manto de los filósofos, abriéndose paso en medio de la ciudad, explicaba públicamente los escritos de Platón, o de Aristóteles, o de cualquier filósofo, a todos los que quisieran escuchar. Los magistrados solían consultarla en primer lugar para su administración de los asuntos de la ciudad."

Como pagana, partidaria del pensamiento helénico y personaje político influyente, se encontraba en una situación muy peligrosa en una ciudad donde el cristianismo arraigaba paulatinamente. En 412 Cyrilo, un cristiano fanático, se convirtió en Patriarca de Alejandría, y se desarrolló una intensa hostilidad entre él y Orestes, prefecto romano de Egipto, antiguo alumno y viejo amigo de Hypatia. Poco después de asumir el poder, Cyrilo comenzó a perseguir a los judíos, a quienes echó de la ciudad a millares. Luego, a pesar de la vehemente oposición de Orestes, dedicó su atención a librar la ciudad de los "filósofos paganos". Haciendo caso omiso de los ruegos de Orestes, Hypatia se negó a traicionar sus ideales y convertirse al cristianismo, poniéndose a sí misma en un serio peligro...

Continuará.

* Dedicado a las nueve musas, el Museion era un templo adjunto a la Biblioteca alejandrina que contaba con una gran infraestructura dedicada al estudio y el conocimiento.  Con salas de conferencias, aulas dedicadas a la enseñanza, laboratorios y observatorios, era lo más parecido a una universidad moderna que existía en el mundo antiguo. Del término deriva la moderna palabra "museo".

domingo, 14 de noviembre de 2010

Arte en el Antiguo Egipto - Tercera parte. Escultura y decoración templaria


Las paredes de los templos egipcios aparecían decoradas con toda una serie de bajorrelieves donde los faraones figuraban los hechos más representativos de sus reinados: campañas militares, ofrendas a los dioses, ceremonias religiosas, etc., si bien hay que tener en cuenta que todas ellas eran de carácter simbólico. En muchas ocasiones, por ejemplo, aparece la figura del faraón en acción de golpear a los enemigos de Egipto, pero esto no debe comprenderse literalmente, sino que su significado sería el de mantener a raya las fuerzas del caos, encarnadas en el enemigo, para que no penetren en el interior del templo y por extensión, en todo el país del Nilo. 

Bajorrelieve. Templo de Khnoum, Esna
Para crear los bajorrelieves se preparaba primero una base con un estuco de yeso sobre el que se formaba una cuadrícula donde luego se realizaban los grabados, para que las proporciones fueran perfectas. La representación de personajes se hizo siempre de una forma aspectiva, debido a que en la representación perspectiva no se muestra todo el contenido de la imagen, algo que ellos consideraban de suma importancia. Así, representaban toda la información posible e incluso una cuarta dimensión, el tiempo, por el carácter a modo de viñetas de un cómic que tiene la escritura jeroglífica. Un elemento importante en los bajorrelieves es también el canon sobre la altura de los personajes representados, puesto que cuanto más altos o de mayor tamaño son, tanto mayor importancia se les confería. Así, los dioses y faraones eran los personajes de mayor tamaño.

Estatua de Ramsés II. Templo
de Karnak, Luxor
Sobre la escultura en los templos diremos que estaba totalmente unificada al canon fundamental del arte egipcio, el de la monumentalidad. Tanto la escultura como la decoración tuvieron siempre una funcionalidad mágico-religiosa. La escultura servía para perpetuar la fuerza espiritual, el ka del personaje representado, que normalmente era el faraón o alguna divinidad, siempre dentro de esa intencionalidad de perdurabilidad, y por ello eran construidas normalmente en piedra o incluso en diorita. Para los egipcios también el tipo de material de su escultura conllevaba connotaciones simbólicas: la piedra blanca se asociaba a la pureza; el oro, metal incorruptible, representaba la “carne de los dioses”; la plata, los huesos; la piedra roja, como el granito rojo de las canteras de Asuán, simbolizaba la vida. La escultura, por sus connotaciones mágico-religiosas, y a excepción de breves periodos como el amarniense, fue en todo momento de corte idealista, representando al faraón siempre con un porte hierático característico, pues no en vano era la encarnación de la divinidad en la tierra.