
En el post de la pasada semana investigamos el origen ritual de la tragedia griega, así como ésta trasladaba a un periodo mítico, mediante la representación de las hazañas de los héroes y dioses de su mitología, los valores que guían la conducta del auditorio, confirmando la mentalidad tradicional del pueblo griego. Pero por otra parte, y especialmente en las obras de Eurípides, también se da la palabra a las mujeres, los esclavos y los extranjeros, colectivos que carecían de derecho político alguno en la Atenas clásica. Un signo de la progresiva "democratización" del teatro. En Las Troyanas de Eurípides, por ejemplo, las mujeres y el horror de la guerra se hacen los protagonistas, evidenciando una mentalidad mucho más pragmática que sus antecesores. Como consecuencia, la tragedia resulta a la vez un instrumento que confirma la validez de la cosmovisión mito-poética todavía reinante en la sociedad ateniense del s. V a.C. y un foco de crítica contra esa misma mentalidad, ya que en ella toman la palabra quienes no lo podían hacer en la realidad social y política del momento.
Las Dionisias urbanas, las fiestas más importantes de Atenas con la excepción de las Grandes Panateneas, que se celebraban cada cuatro años, congregaban seguramente alrededor de quince mil personas en el teatro. Los actores interpretaban sus personajes, recitando versos desde la escena, mientras el coro realizaba cantos y bailaba al ritmo de la música. Así pues, las tragedias constan de partes recitadas y partes cantadas, éstas últimas con acompañamiento musical. Su estructura formal se articula en varias partes. La primera es el prólogo, un relato o un diálogo entre dos personajes, que tiene la función de poner en antecedentes al público sobre el tema del drama. A continuación, el coro entra en escena al son de un poema (párodos), iniciándose seguidamente el primer episodio. Las tragedias clásicas constan de cuatro, cinco, o seis episodios separados por cantos corales o estásimos.
Hablaremos ahora brevemente sobre los tres tragediógrafos más importantes, Esquilo, Sófocles y Eurípides.



Historia, mitología, mentalidad, poesía, política, educación, todos ellos temas que abarca el antiguo teatro griego y que hemos abordado a lo largo de los dos últimos posts. Vemos pues cómo resulta la tragedia un apasionante género que hará las delicias de aquellos que se aproximen a ella desde un punto de vista del conocimiento de la mentalidad, la historia, la poesía de un pueblo, el ateniense y el griego, que ha sido siempre uno de los principales referentes para nuestra cultura occidental.